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MANDALA








El poder del Mandala.
La palabra mandala es de origen sánscrito y su significado es círculo sagrado o mágico. Ha estado presente en diversas civilizaciones, culturas y religiones: en el budismo, en el hinduismo, en los aztecas, en los mayas, en los navajos, en los pueblos nórdicos,  en la cábala, en los rosetones de las catedrales, etc.

El mandala está formado por un punto centro y una línea exterior limitadora. Simbólicamente, el punto centro eres tu (la persona que realiza el mandala) y la línea exterior es el cosmos. Nosotros formamos parte del cosmos y el mandala en definitiva es la representación de este. En el cuerpo humano el centro, físicamente, se encuentra situado en el ombligo. No por ello el resto de nuestro cuerpo es menos importante. Nosotros podemos llevar nuestra atención a otros puntos, igual de importantes, ya que el cuerpo es un todo junto a la mente y al espíritu, y no debemos tratarle por partes aisladas.
El mandala es un proceso en el cual se trabaja la mente, en un primer momento buscando la información proveniente de nuestro interior para luego analizarla, en segundo lugar se ordenan las ideas que en su conjunto forman dicha información, y por último mediante la meditación la mente descansa y se halla en paz con las ideas. En resumen: Se estimula, se organiza y se libera.
Hay dos formas distintas de realizarlos: desde el exterior hacia dentro o desde el interior hacia fuera. Esto conlleva 2 significados distintos.
Cuando nosotros comenzamos a realizar un mandala, consciente o inconscientemente,  desde el centro hacia fuera, estamos expresando hacia fuera nuestras emociones, es un trabajo de exteriorizar lo que sentimos, nuestras alegrías, dudas, sueños o miedos. De algún modo nos desahogamos. Y por el contrario iniciando el mandala desde fuera hacia dentro, igualmente consciente o inconscientemente, estamos buscando el equilibrio interior, organizar nuestras ideas, profundizar en nosotros mismos, de este modo entramos a un nivel más espiritual, buscando nuestro centro (nos centramos).

La forma del mandala, puede tener cualquier forma pero la más habitual utilizada es el círculo. Nuestros antepasados lo representaban ya con esta forma, en sus pinturas y bajorrelieves. El motivo por el cual se suele trabajar con un círculo es porque  está estrechamente relacionado con nosotros y con el mundo en el que vivimos. Está vinculado con el proceso de la vida, de la naturaleza, de la energía, del tiempo, de las estaciones, nuestro sistema solar, el movimiento de la tierra y el de la luna, etc. Nuestra vida está llena de ciclos continuos. Hasta la rutina de cada día es un ciclo formado de acciones ordenadas dentro de un tiempo de forma determinada.

El círculo es una línea continua sin principio y sin final, con un infinito número de puntos todos equidistantes de otro punto externo a él y situado en su interior llamado centro, esto presta a pensar tanto en el equilibrio como en el orden. Sin embargo nuestro círculo no tiene por qué ser regular ya que lo que buscamos es expresar  nuestras emociones internas o encontrar nuestro centro. En ambas, es importante dejarse llevar y plasmar lo que queramos. No sirve de nada encarcelar estas emociones en una forma que no las corresponde y las ahoga. A través de los símbolos, números, colores, estamos dejando hablar a Lo Interno.

El significado dependerá de los símbolos, de los colores, del modo de comenzarlo y de acabarlo. Podemos utilizar símbolos que evocan la naturaleza, el amor, la paz,…, algún mantra o símbolo de equilibrio como el “yin-yan”. En cuanto a los colores los podemos utilizar para relajar, para aumentar nuestro nivel de espiritualidad o para optimizarnos.

Un buen momento para realizar un mandala sería:
Después de un sueño al despertarnos, después de una sesión de meditación o como desahogo en un momento de estrés o de tristeza.

El mandala se debe realizar durante el tiempo que se esté produciendo la emoción y se utilizara cuando esta se repita. De esta forma reuniremos unos cuantos y cada uno será para una situación determinada. El mandala puede servir para analizar los sentimientos, cuando este se realiza en un momento emotivo, debido a que es el inconsciente el que trabaja. Y se puede también utilizar para la meditación cuando este haya sido realizado con un fin, para alguna situación de la que ya somos concientes, la cual se produce de forma reincidente. En el caso de analizarlos  debemos fijarnos en el equilibrio del mandala, por ejemplo comparar el lado izquierdo, respecto de nosotros, del lado derecho; si uno es más grande que otro o si está más ordenado  o de que color hemos rellenado las formas de uno y otro lado. Teniendo en cuenta que el lado derecho representa el presente y el futuro y por el contrario el lado izquierdo el pasado.

Figuras comprimidas, irregulares o colores oscuros son la proyección de nuestra visión negativa. Colores claros, formas regulares con espacios entre ellos por el contrario proyectan nuestra visión positiva. La intercalación entre elementos grandes y pequeños muestra un estado de equilibrio. Ante todo el mandala es una forma de enfrentarse a la emoción, al dolor mental y físico, es un intento de buscar y encontrar respuestas, con lo cual la sinceridad con nosotros mismos es fundamental, no debemos intentar engañarnos y debemos dejar fluir nuestra mente, y así poco a poco asimilar  lo que se plasma  dentro de nuestro mandala. Debemos poner nuestra atención e intención a lo largo de su creación. Deja que fluya todo lo que sientes.

El tamaño se debe tener en cuenta en el caso de realizarlo de fuera hacia dentro ya que puede ser que nos quedemos escasos  o nos sobre espacio hasta llegar al centro. Cuando lo realizamos del centro hacia fuera el límite aparece espontáneamente. En rasgos generales, un mandala pequeño transmite timidez y falta de autoestima. Mientras que uno grande es todo lo contrario, muestra un carácter extrovertido y a nuestro alter ego. El tamaño mediano muestra y proporciona equilibrio entre estos dos  polos.

Como en todo trabajo artístico las posibilidades son infinitas en cuanto a materiales a utilizar y a la base sobre la cual vamos a trabajar. Podemos realizarlo a mano alzada con lo cual conseguimos un trabajo de expresión o con reglas y plantillas de forma que sería un método de organizar ideas y emociones. Los lápices de colores y rotuladores son las técnicas más fáciles y más accesibles en el caso de querer plasmar con rapidez, después de un sueño, la información, ya que esta se suele desvanecer pronto. Las temperas, acuarelas, lacas, cuentas, bolitas de papel, en el caso de tener tiempo es un trabajo  detallista, que va a mostrar fielmente nuestras emociones. La base de papel es la más socorrida, pero si tenemos tiempo podría ser realizado  sobre tela, sobre cristal, madera, etc.
El mandala se puede hacer, rellenar, o tomarlos ya hechos para la meditación.
Si lo elaboramos nosotros mismos: 
Estamos creando el  momento presente. Allí a través de las simbologías, números, colores, estamos dejando hablar a Lo Interno. Que pensamos y sentimos. Lo primero es que estamos hablando de algo que no podemos expresar con palabras, sino que lo comunicamos con un dibujo. Es la parte de uno que no es racionalizada, es la No-Evolucionada. Pero es una fuente donde se ha descargado lo vivido y como el ser lo ha entendido. Por ejemplo, si una persona vive una relación de amor tristemente, ello se deposita en su ser interior y queda grabada ahí por días, meses, tiempo. Si esa persona dibujara por ejemplo, un mandala para desarrollar su capacidad intelectual, de inmediato saldría esta vivencia, en un color negro, o acentuando en las formas. El mandala se analiza muy bien en todo su contexto, de entrada se diría que la persona contiene dentro de si una tristeza aunque no la manifieste en ese presente o está en su inconsciente y este “dolor” determina su evolución o no.
El hecho de comunicarnos con un dibujo no expresa sanación total como una Ley Inequívoca con varios mandalas se van decantando muchas cosas y resulta que este dolor se van disipando a tal punto que con esta persona, ya puedo retomar un dialogo donde ella ahora si es capaz de hablar y de clarificarse. Puede realizar dos o tres mandalas antes de que la persona, entienda muchos aspectos. Luego surge el trabajo consciente y hacia allá se dirige la sanación.

¿Cada cuánto realizar un mandala?:
No hay una frecuencia, pero si se está trabajando sobre un aspecto involucionado, es bueno realizarlo semanalmente, dependiendo del grado de afección. Ahora ningún cambio interior se da rápido, son desarrollos. Pero lo único que es estupendo y visible es cuando uno ve un tercer mandala! con colores, formas y alegóricos a una mejoría. Allí se encuentran las respuestas, la persona decide utilizar colores alusivos a la sanación y eso nos va diciendo que vamos por el camino. Por el contrario si la persona sigue en un escenario denso dentro de un mandala, significa que  debe ir más a fondo primero, para poder subir, entonces tenemos que ir a mas profundidad, allí es cuando la persona que le da un seguimiento, guía o monitor, no debe confundirse, si la persona sigue cayendo, se debe seguir a su lado, animándole a pintar más y más.

Si está elaborado el Mandala:
Esto nos sirve para agilizar nuestro lenguaje interior.
Si un mandala está elaborado con un patrón, es decir, una persona lo ha realizado para incentivar o estimular un aspecto,  por ejemplo mandalas con dibujos sobre la vida de la naturaleza, el amor hacia la naturaleza, la persona no lo escribe, lo pinta y los colores y las formas y trazados apuestan hacia esa intención.
Los Mandalas son fantasticos en su poder sanador. En la vida casi todo se soluciona en forma mandálica, con un Centro y en forma circular, son los más genuinos. Los tibetanos, oradores de orden para la meditación, los crearon para el trascenso del espíritu a un nivel más elevado, conexión con su fuente, lo Alto, Dios, o el universo. Allí todo es plenitud.
Te animo a que dibujes o pintes un mandala fluye déjate llevar por tus emociones.






















¿Para qué la Terapia con Mandalas?



El trabajo con mandalas es, sin duda, una excelente herramienta para el equilibrio cerebral. Mejora la relación con uno mismo y con los demás.
Para recordar y facilitar la conexión entre el alma individual y el alma colectiva, para , meditar, para favorecer la concentración, para relajarse y divertirse, es aconsejable el trabajo con mandalas. Los pensamientos están gobernados por el funcionamiento del córtex cerebral, en la parte alta del cerebro, también conocido como el cerebro nuevo ó jóven, el neocortex cubre las estructuras del sistema límbico ubicadas en el centro del cerebro y en la mayoría del tronco cerebral. Responsable de cogniciones sociales sofisticadas, el córtex es considerado el asiento del pensamiento, de la valoración emocional y de los movimientos voluntarios. El neocortex y la corteza frontal son llamados superiores y son exclusivos del ser humano. El cerebro límbico es dónde se sitúan las emociones y la memoria afectiva. Prisionero de todos los recuerdos que conllevan miedo y sufrimiento, juega un papel protector y cierra las puertas a toda información presentida como dolorosa ó peligrosa. El cerebro límbico es la zona de descanso muy importante; ahora si bién, si éste cerebro, que actúa como filtro, se encuentra en un estado de estrés, no deja pasar todo el influjo nervioso hasta el cerebro superior, lo que supone un estrés suplementario, una mala gestión de la información, desorden en el comportamiento y el repliegue sobre sí mismo. El cerebro límbico nos enseña que una persona sin reconocimientos, vejada, invadida por problemas afectivos, no podrá manejar de manera eficaz una situación intelectual o del tipo que sea.
Publicado por medicinewoman